Ya se fue la que muchos tontos codician,
no la dejaron vivir justo a tiempo,
no la dejo aquella, que tanto fue pensada,
la tonta esperanza, aquella odisea desconsolada.

Solo una elegante oportunidad que se fue al caño,
sin siquiera probar un rechazo oportuno,
porque literalmente fue desplazado,
mi intento sosiego, aplastantemente fue ignorado.

Mi esfuerzo supiste volver desdicha,
se perdió en el tiempo, así como mis suspiros desmembrados,
temí que me atraparas, cuando debí temer más tu indiferencia,
y tus creencias, ¡oh si!, las que más te alejaban de mí,
y las mías, ¡ah, sí!, aquellas que me forjaron a estar sin ti.

Fue mucha la luz que irradiabas, yo sentí,
mientras tu ganabas todo de mí, yo todo lo perdí.

Es como el impacto de mil asteroides en mi pecho,
el sentimiento cuando entiendo que ya fue, ya fue,
cuando mi conciencia me dice, esto ya no puede ser,
por el nauseabundo hecho de que no te importo mi querer.

Mi buena intensión huyo al rincón de los desconsolados,
cuando, ¡caray mujer!, me ignoraste tanto cómo pudiste,
aun con las mil señales que te di, mi esmero, mi testarudez,
incluso el cero se mofo de mí ser,
tú mi esmero, tú mi deseo, tú, solo eso conseguí.

Esto tendrá siempre un final frustrante,
pues nunca recibí de ti una réplica consolable,
pasaste inconscientemente tentándome,
torturando mis anhelos, asesinando mis sueños,
muriendo entre retorcidas espinas de desaire.

Al final, ciertamente puedo afirmar
que no existí para ti,
no existieron los poemas malditos
ni aquel mundo que cree para ti,
todo fue una ilusión, al final, lo comprendí.