Muy cerquita del cielo,
contemplando el plano astral
un par de manos entretejidas,
rumbo al infinito dos enamorados,
una gran aurora formada de alegría,
y la luna como fiel protectora,
a los ojos mojigatos.

Sentíamos que flotábamos,
¡y así era, flotábamos sobre las nubes!
mirándonos a los ojos,
sin parar de suspirar,
ángeles y querubines
iban dejando pétalos de rosas
bendecidas por los dioses.

Caminando en la plataforma celestial,
las nubes grises se vestían de amor,
el aroma en el aire atestado de pasión
desbordaba sentimientos cual feroz erupción.

Embriagándonos en nuestras miradas,
continuábamos de la mano,
sin saber a dónde íbamos,
o si el camino tenía un fin,
y entre suspiros, te decía:
-¡no me dejes, tú eres todo para mí!

Detenidos te cubrí con mis brazos,
y mirándote a los ojos te dije -TE AMO,
no podría vivir sin ti-
tu sonriente, sin dejar de mirarme,
colocaste tus labios junto a los míos
y me diste un beso,
el más tierno y portentoso beso,
y los ángeles volaron alegres,
pues eran felices por nuestro amor
y nos abrazó una lluvia de miel,
que al rosar nuestra piel se desvanecía,
al caer la última gota,
un escalofrío recorrió mi cuerpo
y todo se tornó de oscuridad.

Todo había sido un sueño,
la fantasía se apodero de mí
y distorsioné la materialidad,
infundí historias anheladas
viviendo instantes de una dulce,
pero falsa realidad,
en la cual conmigo eras feliz.